Parece que si algo ha quedado claro a los pedagogos, psicólogos y demás expertos a lo largo de este siglo, es que los cachorros humanos, al igual que otros animales, aprenden jugando. El aprendizaje, así observado, es riesgo y aventura, prueba inagotable sobre la experiencia propia, que se va transformando en experiencia cognitiva.
Es en este contexto de aventura placentera donde debería siempre enmarcarse la actividad lectora. Sí, la lectura es el acceso más elaborado y más intenso a la información no trivial, aquella que podemos transformar en conocimiento. Pero esta información es tan variada y rica, el discurso de los libros contiene tantos mundos y tantas civilizaciones... También muchas vidas, muchos sentimientos, muchas reflexiones... Nuestra limitada vida se multiplica con la lectura. Si ello no fuera en sí mismo una aventura, ¿no lo es ya el acercarse a las letras, los signos, las diferentes formas de ilustrar, encuadernar o imprimir un libro? ¿Recordáis el emocionante descubrimiento de la lectura? ¿No os sentisteis más libres, más completos, cuando por fin descubristeis aquel mecanismo mediante el cual podíais descifrar los códigos secretos del Universo Escrito?
Rodead a vuestros cachorros de libros. Dejad que los toquen, que jueguen con ellos; leed en voz alta y dejad que se sientan poseedores de un tesoro. Llevadles a donde más libros hubiera. Su carnet de biblioteca puede ser el primero y más hermoso símbolo de identidad personal, tan importante para su crecimiento como seres humanos libres.