¿Por qué me dices eso? pregunté. (Yo estoy familiarizado con las dudas... siempre he vivido lleno de
ellas, de ahí el tuteo).
Me contestó:
¿Ha oído usted la expresión: «La duda ofende»?... Yo soy esa duda, la ofensora.
Le dije:
No dudes de ti misma, duda. La duda no ofende, antes bien es fuente de conocimiento. Debió decir el filósofo: «Dudo, luego pienso. Pienso, luego existo». El que no duda no pregunta... y por tanto no aprende. La duda enseña siempre más que la certidumbre.
¿De veras? me preguntó la duda con voz esperanzada.
Le respondí:
Oye... la duda ofende.