El Día de Muertos acudieron los dos a visitar en el panteón la tumba de sus padres. Fueron solos, sin otro acompañamiento que el de su soledad... su soledad y su arrepentimiento. Porque sucede que en vida los visitaban rara vez. Vivían ocupados en sus cosas –en sus casas–, y a veces pasaban semanas, meses, y ni siquiera tenían una llamada telefónica para los viejos.
Ahora les llevan flores al cementerio... y está bien; pero no es lo mismo visitar un recuerdo que visitar un remordimiento.
Lloran por ellos... y está bien; pero pudieron haber llorado con ellos.
Por ellos oran... y está bien; pero pudieron haber platicado con ellos, y eso también habría sido una oración.
Los visitan ahora que están muertos... y está bien; pero también hubiera sido bueno que los hubiesen visitado estando vivos...