En marzo de 1882 el explorador francés Desiré Charnay llegó a Yaxchilán –zona arqueológica en el estado mexicano de Chiapas; principal centro maya de Petén–. Durante meses había buscado las majestuosas ruinas mayas; encontrarlas fue para él un gran descubrimiento... el hallazgo le daría gloria y fama. Dos días antes que él, sin embargo, había llegado ahí otro explorador.
–Mi nombre es Alfred
Maudslay, inglés –le dijo ese hombre tendiéndole la mano–. Llegué aquí antes que usted por accidente. Yo soy
un simple aficionado que viaja por su gusto. Usted es un sabio... y la ciudad le
pertenece. Explórela y descríbala. No me mencione; guarde esta conquista sólo para
usted. Ahora, venga conmigo... le he preparado un palacio... su morada le espera.
Me habría gustado conocer a Alfred Maudslay. Su historia la contó el propio Charnay... a quien también me habría gustado conocer. Ninguno de los dos conocía la envidia... tristeza del bien ajeno... una de las más tristes tristezas que se pueden conocer.