—¿Cómo se mide la calidad de un ser humano?
Dijo uno:
—Por su sabiduría.
—Por su fortuna –dijo otro.
Dijo un tercero:
—Por su fama.
Habló Hu–Ssong y sus palabras cayeron igual que monedas de oro en sus alumnos:
—La calidad de un ser humano se mide por la alegría y la felicidad que ha dado a los demás; porque no lo ha hecho sufrir, y porque les ha aliviado los sufrimientos que con la vida vienen. La calidad de un ser humano, en síntesis, se mide por su humanidad.
Así dijo Hu–Ssong, y sus discípulos supieron que decía bien.