Dos opciones

Lee lo siguiente, deja que te entre por todos los poros de la piel (física y espiritual). Después elige por cual optas empezar el día de mañana...

Miguel es la clase de persona que te cae medio mal... hasta que la conoces a fondo Siempre está de buenas y tiene algo positivo que decir... Si le preguntaras como está, te contestaría: "si estuviera mejor, ¡tendría un hermano gemelo!". («Es un fanfarrón», piensa uno en su interior).

Es un motivador espontáneo. Si un empleado tenía un mal día, Miguel estaba ahí diciéndole como ver el lado positivo de la situación. Observar este estilo me dio mucha curiosidad, así que un buen día le pregunté:

—No lo entiendo Miguel; no es posible que siempre estés de buenas y todo sea positivo. ¿Cómo le haces?

—Cada mañana me levanto y me digo a mí mismo: "Mike, tienes dos opciones hoy: la de estar de buen humor, o la de estar de malas". Escojo estar de buenas. Cada vez que algo malo pasa –continuó diciendo–, puedo optar por ser la víctima, u optar por aprender una lección. Yo elijo aprender ésta. Siempre que alguien viene a mí con alguna queja, puedo optar por aceptarla o por resaltar el lado positivo de la vida. Yo elijo el lado positivo de la vida.

—Sí, claro... ¡como si fuera fácil!, –le contesté.

—Sí, ¡sí lo es! –dijo Miguel–. Todo en esta vida tiene que ver con nuestras propias elecciones. Quitando las basuritas de en medio, cada situación es una elección de nuestra parte. Tú eliges como reaccionar ante las situaciones. Tú eliges como afecta tu humor la actitud de los demás. Tú eliges estar de buenas o de malas. Al final, tú eliges como vivir tu vida.

Reflexioné en lo que Mike acababa de decir. Poco tiempo después dejé ese trabajo y abrí mi propio negocio. Perdimos contacto, pero a menudo pensaba en él cuando hacía una elección acerca de mi vida, en lugar de reaccionar ante las situaciones. Varios años después supe que Mike había tenido un accidente muy serio, que había caído unos 30 metros desde una torre de comunicaciones. Después de 18 horas de cirugía y algunos días en terapia intensiva, salió del hospital con un aparato en la espalda. Lo vi como 6 meses después de eso, y cuando le pregunté como estaba, me dijo:

—Si estuviera mejor, ¡tendría un gemelo!... ¿quieres ver mis cicatrices?

—¡No!... ¿que pasó por tu mente mientras caías al vacío desde lo alto de la torre? –interrogué.

—La primer cosa que pensé fue en el bienestar de mi hijita recién nacida –dijo Mike–. Después recordé que tenía dos opciones: elegir entre vivir o morir. Elegí vivir.

—¿No sentiste miedo... perdiste el sentido? –pregunté.

—Los paramédicos fueron excelentes; me repetían que iba a estar bien... Pero cuando me encamillaron para llevarme a emergencias y les vi las caras, me di cuenta de que tenían miedo. En sus ojos leí: "este es hombre muerto". Supe que tenía que hacer algo.

—¿Qué fue lo que hiciste? –dije intrigado.

—Una enfermera me preguntó que si era alérgico a algo y le dije que sí... que era alérgico a estar ‘grave’. Todos se rieron, y entonces les dije: "opérenme como si estuviera vivo, no muerto, porque ¡he decidido que voy a vivir!".

Y Mike vivió gracias a los médicos, pero también a su actitud ante la situación. Aprendí de él que cada día tenemos la oportunidad de elegir entre dos opciones: vivir plenamente o a medias. Después de todo, nuestra actitud lo es todo.

Tienes dos opciones ahora:

  1. Olvidar este mensaje y,
  2. Compartirlo con la gente que realmente te importa...

Por mi parte... y como me importas... lo he compartido contigo.

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Armando Marcial González-Vidaña