
El prodigio de nacer no lo agradecemos suficientemente en toda la vida... ni siquiera muriendo dignamente. Pero nacer es como aparecer en el cosmos, con toda la irritación psicológica suficiente para decir: "aquí estoy" a través del arte, de la ciencia, de la religión o de la vida práctica.
Algún día, allá en nuestra niñez o adolescencia, nacimos por segunda vez.
Logramos el prodigio que anhelaba Sócrates: dimos luz a nuestra conciencia, nuestro uso de razón. El primer nacimiento fue inconsciente... el segundo debe ser consciente. El orgánico es un nacimiento que acarrea la inercia celular; el psicológico es el nacer que provocamos o nos provocan hasta lograrlo. Triste es decirlo, pero hay almas que no nacen al uso de la razón.
El prodigio de nacer debe ser consumado. Nacer por segunda vez, al uso de la razón, de la conciencia, del primer grito del espíritu.
Nacer y renacer, he ahí el secreto para vencer a la muerte; no morirá jamás quien haya nacido al mundo del espíritu, de la inteligencia, de los eternos valores; mundo que nos pertenece más allá del tiempo y del espacio... mundo que somos y necesitamos llegar, para realizarnos como seres humanos.